Las Autoridades sanitarias de Burundi en colaboración con la Organización Mundial de la Salud están investigando el agente causal de la enfermedad.
Mediante pruebas de laboratorio se han descartado los patógenos causantes de Ébola, Marburgo, fiebre del Valle del Rift, fiebre amarilla y fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.
La alerta fue emitida por las autoridades de Burundi el 31 de marzo del 2026 donde se describían casos clínicos con fiebre, vómitos, diarrea, orina con sangre, fatiga y dolor abdominal. Ocasionalmente en casos graves ictericia y anemia.
Este nuevo brote que recuerda a la alerta emitida por Wuhan (China) en diciembre del 2019 y que, acabó con la peor pandemia del siglo XXI (SARS-CoV-2) demuestra la importancia de implementa un fuerte sistema de vigilancia sanitaria y la imprescindible perspectiva de One Health (Una Sola Salud).
Los biólogos somos los ideales para implementar ese sistema de Una Sola Salud al encontrarnos en medio de ese sistema. Es sorprendente que, en muchos Estados, como en España, los biólogos no sean considerados personal sanitario.
También es fundamental que, los países desarrollados, que cuentan con potente tecnología para diagnosticar rápidamente un nuevo patógeno, mediante técnicas de secuenciación masiva, no se facilite esto para poner nombre a un patógeno, a priori, nuevo y potencialmente mortal (14% fallecidos). Estamos muy equivocados si pensamos que, en el mundo globalizado en el que vivimos, un patógeno que afecte al tercer mundo no nos afecta a nosotros. Un vuelo de Buyumbura, antigua capital de Burundi dirección a Madrid (España) son mínimo 13 horas y 40 minutos con 1 escala.
En la pandemia de COVID, China tardó exactamente 10 días en dar a conocer que el virus SARS-CoV-2 era nuevo y tenía un 80% de coincidencia con el coronavirus SARS de 2002.
Burundi, tras 15 días, no sabe que patógeno tiene entre manos y afectando mortalmente a la población, un problema que es de toda la humanidad.
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